Vaya preguntita… ¿verdad?

No suelo ser de medias tintas. Y cuando lo he intentado ser, no me ha salido del todo bien.

Bueno, quizá sí salió bien, pero yo sentí el vacío del  tambor cuando ya, a punto de dormir, estaba conmigo en la cama.

No es tarea sencilla conocerse y tener el coraje de seguir tu voz. Sin embargo, hay un eco del alma, una voz primaria, un tono que silencia voces ajenas, que tal vez hemos hecho propias, que es perenne. Afortunadamente.

Ser humana es una aventura corporal y anímica. Y esa aventura es exclusiva. Es intransferible. No hay otra como la tuya. Al mismo tiempo, la de cada uno de nosotros, la mía, cobra sentido en relación con la tuya.

¿Por qué nos empeñamos entonces en amalgamarnos? ¿En borrar la diferencia?

Porque… ¿qué pasarías si tú fueras auténticamente tú?

Si yo fuera yo… pensarás… madre mía… ¿alguien se molestaría? ¿algo tendría necesariamente que cambiar?

Nuestra manera de ser innata es una ofrenda con la que vinimos a este planeta. No es un atentado. Es un tesoro que colocar en la mejor estantería. Esa que está a mano, donde descansan tus mejores libros, tus discos favoritos y tus fotografías más queridas.

Se respira en el aire. Se ve en la mirada de aquel padre. O de aquella profesora. Tal vez en la de un amigo. Lo saboreé en aquella boda. Y lo escuché en algunas risas. El discurso es el mismo: no crees problemas, sé como todos, sigue a la voz más alta, encaja aunque te sea incómodo, obedece y sobre todo, toma decisiones seguras.

S-e-g-u-r-a-s, como si la Vida fuera algo científico.

Escuchemos pues al científico:

Sin título

 

El sábado, cenando con amigos, Arancha habló de un proyecto que un conocido lleva entre manos: educar desde el talento, de una manera personalizada. Lo que me hubiera ahorrado... bromeé.

¿Cómo sería nuestro mundo si en el cole hubiéramos sido vistos, no sólo mirados ni alimentados de conocimiento, sino observados en nuestros disfrutes, nuestra forma de movernos, nuestra ilusión cuando bailábamos o escribíamos (en mi caso) o nuestra frustración frente a ecuaciones de segundo grado (en mi caso también)?

 

Si nuestro talento hubiera sido descifrado, tal vez hoy estaríamos mucho más cerca de amarnos como somos, de la coherencia entre lo que muestro y lo que soy, del buen diálogo entre el corazón y la cabecita. Y digo “tal vez” porque lo que sí es cierto es que lo que ha sido es lo que había de ser.

Para mi el talento es la voz de tu alma. Como si fuera el cabo de una cuerda que, cuando tiras de ella, te lleva a tu propia naturaleza. Es la forma práctica en la que el corazón te trae de vuelta a casa y te muestra un reflejo de quien eres tú y de cómo puedes ofrendarte al mundo.

El Alma tiene su lenguaje. Y aunque no utilice su mejor tono para hacerse presente cuando no nos aquietamos y la escuchamos, es la manera que tiene para manifestar lo que necesita.

En uno de mis viajes a India, tuve una experiencia de lo más rocambolesca. Volví con muchas ganas de entender por qué tenía esa tendencia a ayudar a los demás absorbiendo problemas ajenos. Fue una aventura increíble que todavía dura. Empecé a des-cubrirme y sí… aportar algo positivo (grande o pequeño) a mi mundo era uno de los valores más importantes para mi. Comencé a prestar mucha atención a lo que me gustaba hacer,  a aquellas cosas con las que perdía la noción del tiempo sin que nadie me las pidiera, a aquello en lo que pensaba nada más despertarme, a lo que me decía mi tripa y a los movimientos de cierre o apertura de mi corazón.

Por eso ahora, escribo y creo cursos como Des-cúbrete.

Soy partidaria de conocernos a través de elementos concretos. La Vida está aquí, cada día, poniéndonos un espejo que nos muestra quienes somos de verdad. Quizá descubras en él una nueva perspectiva que ni siquiera intuías que te emocionaría. Pero si no miras ese espejo que está hecho de recogimiento y compartires, de sonrisas, experiencias y alguna lágrima y  de sensaciones corporales y buenas preguntas… será complicado encontrarte.

 

En los tiempos que corren, donde la incertidumbre ha hecho evidente que nada es para siempre y los artificios están cayendo uno a uno, me encuentro con muchas personas que se están preguntando y están atreviéndose a ser lo que el camino del corazón les muestra. Y la distancia, entre lo que son en sus adentros y lo que se muestra en las afueras, se acorta cuando se preguntan:

¿Qué es eso que me importa profundamente?

¿Qué se me da bien? ¿Con qué disfruto?

¿Con qué me siento como un delfín en aguas cálidamente cristalinas?

 

Quizá, cuando atiendes ese regalo del que habla Einstein, te sientas algo extraño.

Yo también pensé durante un tiempo que era diferente (o rara). Luego me vi tentada a sentir que era parte de una edición limitada para ahora darme cuenta de que soy bastante normal, pues el anhelo del alma es una voz que resuena en todos los cuerpos (aunque algunos no lo cuenten y otros hayan silenciado el volumen).

Por eso, si andas por aquí, leyendo esto y sintiéndote intrépidamente extraña, quiero que sepas, que yo estoy aquí y soy tan bizarra y corriente como tú.

 

Y a ti… ¿qué es eso que te hace sentir muy cerquita de ti?