Los momentos que más me inspiran son la noche entrada y el amanecer incipiente.

Y claro, a menos que quiera criar unas ojeras añejas y un cansancio galopante, he de escoger.

Cada día lo hacemos. Tomamos decenas de decisiones. A veces, es muy sencillo. En mi caso, ante cualquier postre que lleve chocolate y el mejor carpaccio de frutas, nunca he escogido lo segundo. Y nunca no es raras veces. Es nunca.

Sin embargo, otras veces aparece una duda. Que bien dura horas o se instala más allá de unas semanas… ¿Años?

No siempre es sencillo elegir… ¿dejo este trabajo seguro y comienzo a construir mi sueño?, ¿será el momento adecuado o espero un tiempo?, ¿será mejor dejar esta relación o continuar? ¿me atrevo a expresar lo que siento o trato de no molestarle?

 

LA SEGURIDAD

Si supieras que decidas lo que decidas, va a ser lo adecuado para ti en este momento: ¿qué decisión tomarías ahora?

No tenemos garantías. De nada. Entre la dicotomía verdadero/falso, escojo falso. Porque hay muchas más que estas dos opciones. Como compartí esta semana en facebook, he decidido aprender en lugar de acertar.

 

LA INTENCION

Cuándo dudamos hay varias voces. A veces hasta te preguntas, ¡¿de dónde demonios salen?! Aha… esa es la cuestión. Nuestra cabecita etiqueta, una es la “buena” y la otra es la “mala”. La que dice sal a correr es la buena, la que te insta a quedarte un día más encajado en el sofá, es la indeseable.

Tengo una buena noticia. Y hablamos de nuevo de preguntas poderosas. Habla con esas voces. Deshaz el conflicto. Es bastante sencillo. Pregunta a cada una de esas voces:

¿Para qué? ¿Qué intención positiva hay?

La que quiere salir a correr quiere que te encuentres mejor, que estés en forma, que desconectes de algunos asuntillos, que duermas a pierna suelta. La que quiere quedarse no quiere fastidiarte, quiere tu comodidad, un rato de calidez cuando ahí fuera hace un frío norteño o un rato de descanso tras un día intenso.

Reconocer la intención es como firmar las paces.

 

SILENCIO

A veces sucede. En un momento de aquietamiento, en un segundo de silencio, en un instante de relajante intimidad: ahí está. La sensación es tan certera que han desaparecido todas las voces.

Por eso, no me cansaré de hablar de lo prestoso que es buscar instantes de silencio, presencia y quietud cada día.

Es ahí dónde la intuición encuentra un hueco para colarse.

 

 

TOMATE TU TIEMPO

Lo comentó una alumna en la última edición de Des-cúbrete: tener una duda no significa que debas tomar una decisión YA. Mientras no se convierta en una excusa, darnos tiempo puede regalarnos visión, comprensión, aprendizaje y confianza.

Suelo evitar tomar decisiones cuando estoy cansada o cuando soy consciente de que me falta información.

Y cuando lo tengo claro…

 

SUELTA

Una vez he tomado una decisión, voy hacia adelante. Trato de no prestar atención a los “y si hubiera escogido la otra opción…”

Esto me lo enseñó mi padre.

Ya tengo feliz herencia para toda una Vida.

 

¿Cómo tomas decisiones?¿Qué decisión cambió tu Vida más allá del miedo a equivocarte? ¿Alguna duda rondando tu cabecita?